Leyendo la prensa, me he encontrado con una noticia que me ha impactado. Como ya sabréis, en algunos lugares como Arabia Saudí, la homosexualidad es considerada como un delito. Bueno, pues al parecer, allí han sido detenidos unos cincuenta jóvenes por el simple hecho de participar en una supuesta boda homosexual.
Parece ser que la redada fue una intervención por parte de la “policía religiosa Saudí”, y por la “Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio” – encargada de velar por el respeto de la población bajo las normas islámicas.-
A mi parecer, promover significa avance, elevación… Además, ¿De qué virtud hablan? ¿Del respeto quizá? Entonces… ¿Qué hacen fomentando algo de los que ellos mismos carecen? Eso sin mencionar la atribución de “vicio” a la sexualidad de las personas que aman y desean de una forma no tradicional… Y lo de la “prevención” es que ya me suena a chiste barato, al desconocimiento de la vida, y lo que es peor, a las pocas ganas de querer conocerla dentro de su más pura realidad.
Pero lo más triste de todo esto, es que no sólo ocurre en lugares o culturas tan cerradas como ésta, sino que seguramente, muchos lectores de esta “España tan progre” se habrán alegrado al leer esta noticia, y mañana, cuando vayan por el parque y vean a dos chicos pasear agarrados de la mano pensarán (“Pedazo de maricones…”), y cuando lleguen a su casa y pongan el televisor y observen cómo dos chicas se dedican ciertos arrumacos y carantoñas cambiarán con tremendo asco de canal. Porque si aquí esto no es delito, sí que es algo muy prejuzgado. Y desde luego, para mí es más grave lo segundo que lo primero, puesto que el delito, nos guste o no, está ajustado a una organización social y global donde existen una serie de normas, pero el prejuicio, es un hecho único y personal, responsabilidad de cada persona, y sobre todo símbolo de un idealismo arcaico y poco culto.
¡Pero esto qué es!
Hace 4 días